viernes, 18 de junio de 2010

#28

- ¿Crees que los Santos escondidos en toda Samos se rebelarán, ahora que saben quién eres?

Erva se incorporó y apoyó las manos en el suelo.

- No. No lo creo - respondió, con la mirada fija en la Luna-. La gente tiene miedo. No es suficiente.

Leet se sentó junto a ella, se sacudió las manos de tierra y miró también a la Luna.

- ¿Y tú? ¿Tienes miedo? -preguntó.

Ella negó con la cabeza.

- No tengo miedo de lo que puedan hacerme; tengo miedo de lo que pueda hacer yo. No conozco mis límites ni mis posibilidades. Camino a ciegas -desvió la mirada-. Me siento como si fuera capaz de aplastar el mundo con mis manos, y me aterroriza pensar que... es cierto.

- Pero los Santos...

-No -le cortó-. Los Santos nada. Un Santo que no ha llamado a ningún Alma en su vida no es capaz de invocar a Hades la segunda vez que realiza un ritual tan complejo. Y menos aún con esa rapidez.

Leet miró a su compañera comprensivamente. Ella había vuelto a fijar la vista en el horizonte.

- Todo saldrá bien -dijo, intentando animarla-.

Erva no respondió. Miró al suelo e hizo una mueca. Se levantó, se sacudió las ropas y caminó lentamente hacia la orilla. Las estrellas se reflejaban en el lago y la luz de la Luna aportaba un tono fantasmal a la escena.

- Nosotros nos ocuparemos de que salga bien -dijo, adentrándose en la negrura del lago. El agua estaba fría-. Lo que me preocupa es el sacrificio que tendremos que ofrecer por ello.

Bajo la atenta mirada de Leet, Erva siguió caminando hasta que el agua la cubrió por completo, como si las estrellas reflejadas la hubieran engullido, y desapareció.



Samos.

1 comentario:

yuko dijo...

En serio, cuando consiga tiempo para conectarme (aka conexión buena, lagrimita) me tienes que contar de qué va esta historia que lo que leo me encanta *3*

Me gusta mucho cómo está escrito aunque no tengo ni idea de lo que está pasando <3