miércoles, 11 de agosto de 2010

#50

          "Maar'heret, las Almas, siempre habían velado nosotros en la tierra que es nuestra, en Samos. Espíritus naturales que trabajaban codo con codo con el pueblo y hacían de Samos un mundo próspero y lleno de riquezas.          En las calles y en las escuelas se las conocía como Almas, mientras que en las altas esferas burocráticas se las llamaba por su denominación arcaica, maar'hem, "criaturas sagradas". Todo aquel con mínimos conocimientos de magia podía invocar un Alma menor. Con un estudio más profundizado y trabajo en grupo, los invocadores podían hacer aparecer a un Alma media, pero sólo con conocimientos plenos y grandes ayudas se podía llamar a las grandes bestias. Éste último caso correspondía en exclusiva a la corte sacerdotal del rey. En tiempos del monarca Pheltor, trescientos años ha aproxidamente, cualquiera era el campesino que llamaba a un maar'heret para ayudarlo a mantener sus campos verdes y sus frutos madurando toda la temporada; cualquiera era el herrero que, con ayuda de una simple Alma menor de fuego, trabajaba con la llama más vigorosa; Los sacerdotes de los templos en las montañas, el desierto, los bosques o el mar, les oraban a diario por el equilibrio y la paz de nuestra lihra, nuestra tierra; y el mismo rey, con ayuda de sus
propios clérigos, intervenía militarmente en conflictos de su reino con enormes, monstruosas e infinitamente poderosas criaturas. En las manos de cada uno residía la responsabilidad de hacer el bien o hacer el mal.
          Y luego estaban ellos. Los Santos, o como se conocían antaño, los maar'hem o "seres humanos sagrados". Independientemente de su procedencia, nivel económico, social o aspiraciones políticas, los Santos eran capaces de llamar a cualquier Alma. A cualquiera, porque la magia de invocación corría por sus venas desde el mismo momento de su nacimiento. Así es, pues, que un niño maar'hem de apenas doce años pudiera convocar a un Alma media sin ayuda de ninguna clase, y un grupo de adultos fuera capaz de traer ante su presencia a un maar'heret-nir, una de las cinco Grandes Almas, imposibles de invocar por niguna otra criatura en Samos, y con el poder de reducir a escombros una civilización completa.          Como es lógico, y a pesar de la reconocida actitud pacífica de los maar'hem, en el seno del gobierto de Samos empezó a corroer la duda y el miedo. Después de la muerte de Pheltor y la ascensión al trono de su joven hijo Kah'r, se inició una persecución a nivel mundial y una violenta caza de brujas que pretendía acabar con cada rastro maar'hem sobre Samos bajo la amenaza de hacerla arder si fuera necesario para que resugiera una nueva y mejorada. Algunos fueron apresados y ejecutados; otros, por devoción y amor de su tierra, se ocultaron y trataron de olvidar su poder y su condición.          La magia sagrada quedó prohibida para el pueblo, dejó de enseñarse en las escuelas y, por tanto, generación tras generación se fue olvidando y convirtiéndose en leyenda, hasta que las Grandes Almas o maar'heret-nir sobrevivieron en forma de mitos y cuentos para niños. Sólo a los clérigos del rey se les permitía seguir ejerciendo.
          Samos se las arregló para vivir sin la ayuda de sus perpetuos apoyos mágicos y logró salir adelante, pero el brillo, el esplendor y la alegría que la caracterizaba nunca volvió.
          Tres siglos después de aquello, la vida en Samos era monótona y rutinaria sin la magia sagrada de invocación. A pesar del terror constante que provocaba el gobierto del Régimen debido a su inseguridad, el pueblo vivía en buenas condiciones y pacíficamente. En general, excepto pequeñas agrupaciones clandestinas que llevaban a cabo pequeños rituales sin ser descubiertos por las autoridades. Su objetivo base era el de encontrar a los desaparecidos Santos que hicieran caer al Régimen para traer de vuelta la magia de invocación. Mientras tanto, investigaban, exploraban y aprendían en secreto el antiguo arte.

          En estos términos, en una de las grandes ciudades en el corazón de Samos, Ülerm, se descontroló una noche un Alma media en uno de los rituales ilegales de los llamados Nimdbes. El Destino quiso que ese maar'heret indómito destruyera un edicifio de la Delegación de Gobierno de la ciudad y el suceso llegó pronto a oídos del Régimen. Los sacerdotes del gobierno llamaron a otra Alma media con el propósito de eliminar a los traidores, pero a la vez surgió inesperadamente un Alma mayor que la rechazó, permitiendo que los Nimdbes escaparan. Este hecho sólo podía significar una cosa: que existía en Samos un Santo en plenitud de facultades que ignoraba la ley.
Aunque el pueblo vivía demasiado atemorizado como para levantarse, el Régimen decidió abrir una investigación y atrapar a ese maar'hem, al tiempo que Nimdbes de toda Samos emprendían su propia búsqueda para salvarlo de la ejecución."




L. M. V. 768, a la caída del mes trece.



Samos.

1 comentario:

yuko dijo...

¿Prólogo? ¿Resúmen? xDDD

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