viernes, 3 de septiembre de 2010

#51

Cuando levantaron la nariz del mapa, se encontraron a sí mismos en una pasarela de madera sobre el agua. El lago era tan inmenso que podía confundirse con el mar, puesto que apenas se divisaba tierra firme en el horizonte.

- Bien -ironizó Irýth-. Entonces... ¿dónde se supone que está el templo?

Todos se miraron interrogantes e inseguros, menos Erva.

- Ahí -dijo, señalando al agua con la cabeza, mientras doblaba el mapa y Leet observaba su expresión pensando que estaba loca.

- ¿Bajo el agua? -preguntó, incrédulo-. ¿Sabes la profundidad que tiene este lago? Creo que si me hundo lo suficiente podría salir en Carav'hia.

Ella se encogió de hombros.

- En realidad es posible que esté aquí, teniendo en cuenta lo que dice la leyenda: El valle se inundó cuando nació el maar'heret-nir de agua -la defendió Vaahl-.

- De todas maneras, no tengo capacidad pulmonar ni velocidad suficiente para llegar a tocar ni siquiera la cúpula del templo antes de ahogarme.

- Es verdad -se quejó Irýth-. ¿Cómo va a llegar hasta allá abajo?

Los cuatro se quedaron mudos y absortos en sus pensamientos, observando fijamente el atardecer sobre el agua como si la luz aranjada fuera a darles la respuesta.

- ¿Eso que veo ahí son delfines? -preguntó Vaahl con aparente indiferencia-.

- Sí -contestaron los otros al unísono, viendo cuatro cetáceos jugar cerca de la superficie-.

- Pues ya está.

Vaahl rompió el contacto visual con la luz, lo que provocó que sus compañeros hicieran lo mismo. Leet pensó un momento y pareció entender lo que su amigo quería decir. Luego se quitó las botas y todo lo que llevaba de cintura para arriba, preparado para sumergirse.

- ¿Qué estás haciendo? -preguntó Irýth con el ceño fruncido. Luego reparó en que Vaahl también se estaba quitando la ropa, sólo que él se estaba quedando completamente desnudo-. ¡¿QUÉ ESTÁS HACIENDO?!

- ¿A tí qué te parece? - replicó con una sonrisa, mientras depositaba toda su ropa en los brazos de Erva.

Justo después se zambulló en el lago y nadaba hacia los delfines. En pocos segundos regresó a la pasarela un precioso ejemplar con una oscura cicatriz sobre una aleta. Leet se tiró de cabeza al agua, se agarró a las aletas del delfín y juntos desaparecieron mientras nadaban hacia el fondo. Irýth lo comprendió entonces: Vaahl había entrado en contacto con los delfines para poder convertirse en uno de ellos y poder llevar a Leet hasta el templo mucho más rápido. Sólo se había quitado la ropa para evitar que se rompiera, estropeada y mojara con la transformación. Este pensamiento hizo que se sonrojara tanto que sus mejillas eran del mismo color que su pelo. Como si estuviera leyendo su pensamiento, Erva sonrió intentando retener una carcajada. Luego se quitó las botas y se sentó al borde de la pasarela, metiendo los pies en el agua. Irýth se unió a ella con desgana, enfadada consigo misma por ser tan estúpida, con Vaahl por ser tan descarado y con Erva por reírse.

- No me parece bien -sentenció.

Erva, que estaba doblando cuidadosamente la ropa, la miró con curiosidad.

- ¿No se da cuenta? -continuó-. Hay mujeres delante y... ¡no me parece bien! Es de mala educación.

Su compañera volvió a reírse y ella se sonrojó aún más.

- ¡¿Es que no te importa?!

Erva se encogió de hombros por segunda vez.

- No iba a ver nada que no hubiera visto ya.

Irýth abrió los ojos como platos y se bloqueó. Su rubor adquirió un todo morado mientras miraba atónita a su amiga.

- ¡¿Quieres decir que... que tú y...?! - tartamudeó -. ¡¡No me lo puedo creer!! ¡No puedo creer que no me lo hayas dicho! Creía que eramos amigas y tú sabes que yo.. ¡¡No me lo puedo creer!!

La sonrisa de Erva se hizo cada vez más amplia al pensar en lo absurdo del asunto, pues de alguna manera Irýth estaba delatando sus propios sentimientos sin darse cuenta.

- Irýth...

- ¿QUÉ?

- Soy curandera.

- ¡¿Y qué?!

- Que curo heridas...

- ¡¿Y QUÉ?!

- ...estén donde estén.

La sensación de ser la persona más estúpida de Samos junto a la mirada insultantemente divertida de Erva, hicieron que Irýth se levantara sin decir una palabra, temiendo que le explotara la cabeza de la vergüenza, y sin ver cómo Erva acababa de doblar cariñosamente la ropa y dejaba de mirarla para concentrarse exclusivamente en el Sol, escondiéndose, como si se hundiera en el lago.


Samos.

2 comentarios:

Srta.While dijo...

Jajajajajajajajajajajajajaja XDDD
Esta entrada me ha gustado muchisimo :)

Un crêpe
con nutella

yuko dijo...

No pensaba que fuese la escena que me contaste hasta que lo leí XDDDDDDDDDDDDD

A Irýth los celos la vuelven un poco espesa 8D/