martes, 9 de noviembre de 2010

#59

- Ah, oye.

- ¿Mmh?

- ¿Cuándo piensas contarle a Irýth lo que sientes?

Sin quererlo, rompió la rama por la mitad con un crujido y alzó la mirada.

- ¿Disculpa?

Erva no dijo una palabra y sólo se escuchaba el crepitar de las llamas entre ellos. Vaahl arrojó la rama partida al fuego con desgana.

- No sé... No sé qué hacer... Y... ¡no me mires así, Erva! Me pones nervioso.

Ella rió suavemente.

- Perdona.

- No sé que hacer -repitió, tumbándose sobre la manta de hojas secas-. Pienso que si le digo algo... lo que sea... me va a cruzar la cara; Bien porque le parezca una locura que un... -rió con amargura- un... un monstruo como yo quiera estar con ella, o bien porque una declaración de amor a estas alturas le suene a... despedida.

- Nadie va a morir -se apresuró a asegurar-. No os lo permito.

Él rió con tristeza, la vista fija en las estrellas.

- Ya -se limitó a decir-. ¿Tú qué piensas?

- ¿Yo?

- ¿Ves a alguien más aquí?

Le lanzó una piña que le acertó de lleno en la nuez y él se la devolvío con un gruñido, pero falló.

- Pues yo pienso... -comenzó a responder en tono condescendiente- que si no haceis algo pronto, Leet y yo tendremos que tomar cartas en el asunto. Y no dejaremos títere con cabeza, te lo aseguro -Vaahl se incorporó sobre los codos y la miró con una mezcla de pánico e incertidumbre. Ella sonrió y continuó-. Ahora, en serio... Creo que pase lo que pase en un futuro, ganemos o perdamos, vivamos o caigamos, hay cosas que deben ser dichas. Nunca hay un mal momento para decirle a una persona que la amas. Y creo que, en caso de que ocurra lo peor... si no le dices lo que sientes, probablemente... te arrepentirás.

Dicho esto, se hizo el silencio. El sonido de la leña ardiendo y el ruido del bosque los envolvió, a cada uno en sus pensamientos. Al poco rato Vaahl se levantó de un salto con un brillo de determinación en los ojos.

- ¿Sabes qué? -le dijo a Erva mientras un rayo caía teatralmente tras él-.

- ¿Mmh?

- Te daría un beso ahora mismo -se acercó a su amiga, que seguía sentada, sostuvo su cabeza entre las manos y le plantó un beso en la coronilla.

- ¡Eh, eh! -le apartó a manotazos-. Guárdate esos mimos para quien los quiera.

Ambos sonrieron secretamente, él le revolvió el pelo a ella y se adentró en el bosque mientras reía en voz baja.

- Arpía...

1 comentario:

yuko dijo...

¡DÍSELO!

*insertar aquí a Irýth perdiéndose en el bosque.. y lo demás ya lo sabemos C:*